The geek inside...

Soy un ignorante en prácticamente todo lo que no me interesa. Pero, ¿no somos todos así?

Desde muy pequeño me he interesado en cosas un poco fuera de lo común, al menos para las personas que me rodeaban durante mi niñez, esos intereses me han hecho realizar una cantidad considerable de estupideces, así como han evitado que cometa una suma aún mayor de las mismas, es difícil describir como un niño puede crecer creyendo y soñando con universos llenos de superhéroes, robots, Jedis, vampiros y demás seres que aún hoy en día son tan familiares.

Es difícil de creer todo el tiempo que he dedicado de mi vida a estos mundos fantásticos, mucho más de lo que estoy dispuesto a confesar, me he dedicado a leer, saber y conocer de estos mundos. De entrada soy un maniático, hoy denominado geek o como deseen llamarme, de los comics, la ciencia ficción, la fantasía y todo lo que tenga que ver con estos temas, llámese cine, novelas, series de televisión, videojuegos, juegos de mesa y un largo etcétera. En algunas ocasiones he pasado horas tratando de explicarle a una persona el porqué, a mi parecer, el único héroe real que existe es Peter Parker (olvídense de las películas por favor, al menos de la tercera), y lo remito a las historias escritas por Stan Lee, a lo que la primera reacción es un ¿Stan qué? Muchas personas del gremio se sentirían ofendidas al hablar de sus universos favoritos y escuchar un ¿George qué? O un ¿Gene Rodden…what?

Tratar de explicar porque DC y Marvel son diferentes universos se ha vuelto hasta cierto grado tedioso, y brincando al universo actual, el porqué salimos corriendo a ver una película porque los hilos detrás de ella están siendo manejados por J.J. Abrams o fue dirigida y escrita por Joss Whedom, por favor no digan “ah, el wey de Buffy”, se los suplico; es como decir que Neil Gaiman es el tipo ese que escribía comics y ahora hace novelitas de fantasía para niños, ya quisieran la mitad de los novelistas actuales escribir con la calidad con la que Gaiman escribía comics, ya no hablemos de la calidad de sus novelas. En fin, me salí del tema.

El hecho de conocer el origen y sentimientos de personajes nos crea una conciencia un tanto bizarra para el resto de la humanidad, de cómo palabras de un cierto mago gris pueden llegarnos al corazón e incluso pueden hacernos derramar lágrimas y Tom Hanks simplemente nos parece cursi; acaso hay algo raro en ello, Tom Hanks es cursi, punto. Es como intentar decirle a un fan de Metallica (Qué como sabrán soy uno de ellos) que las canciones de Arjona son muy buenas (qué como sabrán aborrezco). Sin embargo conocemos todos y cada uno de los detalles que tienen que ver con una estrella artificial, una nave de las dimensiones del Enterprise, los nombres de pila (en élfico, por supuesto) y el nombre de sus padres, así como de las razas de cada uno de los personajes que cruzaron El Señor de los Anillos, conocemos su historia desde su nacimiento hasta el momento que se embarcan en su viaje definitivo ¿o acaso no es del saber común los nombres de los seis hermanos de Sandman?

La gente se ríe a mis espaldas de muchos de los comentarios que hago, lo sé, me he dado cuenta de ello infinidad de veces, se burlan de los conocimientos que he acumulado, de la afición y pasión que siento por estos personajes y seres de ficción, por cómo colecciono figuras de acción, cómics, novelas gráficas y películas relacionados con ellos. Lo han hecho desde que tengo uso de razón.

¿Pero acaso no todos somos iguales? o qué es lo que me diferencia de aquel fanático del futbol que domingo a domingo se sienta a ver a su equipo favorito, gritar de alegría con su victorias y llorar con sus derrotas, acaso el no tiene un conocimiento endemoniado de entrenadores, jugadores y de incluso técnicas de todo aquello relacionado con su deporte favorito; o de aquel que noche tras noche se sienta a ver su programa de concurso, o telenovela favorita, del aficionado a los coches; así puedo seguir y crear una lista infinita de gustos y géneros. No somos diferentes, solo tenemos gustos diferentes, en esencia, esa misma pasión que ves desbordándose en un estadio por un gol, es la misma que a veces yo siento jugando un videojuego en mi consola. Si, lo sé, soy un geek, pero igual pudiera decir que el otro sujeto es un fanático sin cerebro que va al estadio a comportarse como un orangután, pero ese término es igual de ofensivo que todos los que me ahn puesto y he escuchado toda mi vida. La mayoría de mis amigos no comparten mis gustos en infinidad de cosas, incluso tenemos formas de pensar radicalmente opuestas. Pero eso hace que tenga mayor respeto por todo aquello en lo que creen.

Al final del día, todos deseamos lo mismo. Ese pequeño espacio, a algunos se los da un balón, a otros una hora de televisión, un libro, una película, un cómic, un videojuego; al final del día todos buscamos ese pequeño espacio, muy personal, que nos haga sentir vivos. 

Fantasmagóricos